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Un cuento sobre psicoterapias.

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1 Un cuento sobre psicoterapias. el Vie Mar 19, 2010 7:26 am

Caminante


Moderador
Querida familia cibernética;

Sucede que para la clase de "Intervención en casos clínicos" han pedido un ensayo sobre las críticas que algunos psicoanalistas hacen a las demás formas de psicoterapia. A tal fin, me di a la tarea de adaptar este cuento que leí en alguna época infantil. Ahora se los comparto rogando su benevolencia ante mis limitaciones literarias y esperando que lo disfruten de alguna manera. !Se les quiere!

Cami.

ENSAYO.

“ELEMENTOS PARA UNA CRÍTICA DE LAS PSICOTERAPIAS”.

Se cuenta que un grupo de ciegos se dispuso conocer la verdad sobre el elefante. Habiendo sabido de oídas que era un animal asaz extraño, los aventureros invidentes quisieron tener una vivencia práctica con él para salir de dudas, unificar criterios y homologar un concepto que cubriera las expectativas de todos. Es sabiduría popular que generalmente se da la razón a la mayoría.

En esas circunstancias los ciegos consiguieron acercarse a un elefante. Afortunadamente el animal estaba domesticado y se dejó tocar sin riesgos colaterales. Tras largo rato y enorme trabajo de percepción, los protagonistas heroicos estuvieron en condiciones de dar su personal aportación al concepto deseado. En todos sus rostros brillaba la luz del saber, en todos los cerebros resplandecía el sol del conocimiento y podría decirse si esto no fuera cruel ofensa a sus derechos humanos más elementales (o por lo menos una broma de mal gusto) que en sus ojos refulgía el resplandor de la verdad.

-Ya se cómo es el elefante, dijo el más osado. Este ciego se consideraba con mayores derechos epistemológicos por haber sido el descubridor. A decir verdad el impasible paquidermo había nacido mucho antes que cualquiera de ellos, pero en su favor puede alegarse que la visión de los vencidos importa poco o nada en un mundo donde los tuertos son reyes y el ganador impone su teoría. (Por otro lado, no deja de tener su mérito invertir miles de horas hombre estudiando zoología en Braille.)

-El elefante es como una gran palmera, concluyó; erecto, grueso y escamoso. Quizá debamos considerar un origen botánico para él si logramos establecer que las palmeras pueden hablar. Si esto no es científicamente posible, siempre podemos aducir a las verdades que se ocultan tras las palmeras.

-Nada más lejos del elefante que tu apreciación, querido amigo, interpeló el segundo. El elefante es como un gran abanico, sopla y airea mi rostro, es más probable que nuestro analizado pueda ser más capaz de volar que de parir dátiles. Deberíamos ubicarlo muy cerca de los murciélagos gigantes, o los pterodáctilos. (Siendo este ensayo una opinión personal se considera sobreseído el derecho del autor para distorsionar desde las más básicas reglas de la zoología hasta las profundas verdades subyacentes).

-Por Dios nuestro Señor, por aquel que todo lo ve aunque no lo oiga, por el que todo lo oye aunque no lo vea, por el que todo lo sabe aunque no se entere, ¿qué cosas proponen? Si el elefante es idéntico a una víbora de regular tamaño, y ciertamente una víbora bastante pestilente, yo no se dónde recogieron este espécimen que aunque herbívoro debió pasar un mal rato intentando digerir lo que comió, a juzgar por el tufito. Es una especie “her” (de hierba claro) - y “bívora” (perdónese la pésima ortografía del opinante)” porque es una víbora que come hierba. ¿Lo ven? La palabra hace al sujeto y no al revés.

Aunque asombrado por la capacidad Lacanianamente deductiva de la que hizo alarde nuestro tercer contribuyente teórico, el cuarto no pudo dejar de esgrimir un grito que sonó a rasgueo de vestiduras (si es que las cuerdas vocales pueden someterse a la expresión emocional textil). ¡No es posible que habiendo tenido una experiencia palpable del elefante sigan tergiversando la verdad, bandada de soberbios! ¡Ustedes son doblemente invidentes, una por naturaleza y otra por decisión! Pero bien decía mi madre, no hay peor ciego que el que no quiere ver. (Se apela al sentido común para interpretar el uso del término invidente de forma peyorativa mientras que el autor se lava las manos cual moderno Pilatos barritando un humanista lamento; el mayor escarnecedor de la carencia ajena es también el mejor exponente de la misma). ¡Si el elefante no es más que un globo monstruoso, una aberración de la naturaleza! Es algo que debe modificarse a base de tratamientos hormonales, dietas adelgazantes y técnicas de aprendizaje para controlar esa tendencia a inflarse y descender continuamente. ¿De dónde sacan sus conceptos? ¡Ustedes tienen un problema solamente: lo que no saben lo inventan!

Y siguió la discusión amenazando con volverse interminable. Llegado el punto de la descalificación y los improperios personales los ciegos decidieron seguir cada uno su camino, claro; sin desaprovechar la menor oportunidad para desacreditarse mutuamente y realzar su personal opinión sobre las otras. Finalmente ellos tenían la vivencia, la experiencia y el saber; por ende eran propietarios de la razón. Extrañamente tenían aspectos comunes; su estricto apego al método, su búsqueda de la verdad y sus experiencias elefantiásticas. (Válgale para efectos calificatorios la cruel deformación del idioma de la que hace gala el osado autor, que como sus compañeros, sabe que por un 25 por ciento bien vale la pena caer en el abuso).

Es probable que jamás llegue a tenerse entre la comunidad invidente un concepto homologado del elefante. Es posible que el elefante más allá de su mutismo albergue de algún modo la secreta esperanza de llegar a ser reconocido en su dimensión total. Quizá decidió callar justamente ofendido por el poco tacto que los investigadores mostraron ante su persona que aunque meramente animal no sería menos valente. Lo cierto es que sigue ahí, impasible, comiendo cacahuates de las manos de los niños y aparentemente ajeno a la tristeza banal de quien lo niega, a la euforia hipomaniaca de quien lo monta (y se cree su domador) a la amargura del buscador del saber del invidente y sobre todo, a la ambición tan espuria como satisfecha del dueño del circo donde nuestro drama se ha representado en más de una ocasión para disfrute burlón de propios y extraños.

A modo de moraleja se diría que la crítica a las psicoterapias deberá hacerse sobre el reconocimiento de lo que se ignora más de lo que se sabe, que el ser humano es más dinámico que el elefante y muestra en su devenir necesidades diferentes en cada etapa de su desarrollo y perspectivas distintas ante situaciones extrañas, y que el equilibrio, la adaptación y el desarrollo, así como el conocimiento y la amistad le parecen al atrevido ensayista buenas córneas opcionales. Finalmente, para hacer gala de un humano sentido de agradecimiento, se reconoce el valor del cuadrúpedo protagonista. (Quien si pudiera hablar, pediría a gritos la máxima calificación para el presente ensayo).

2 Re: Un cuento sobre psicoterapias. el Vie Mar 19, 2010 7:40 am

Chinglan


Moderador
y menos mal que no ha subido un escalon, y dejado al elefante de lado, discutieran sobre paquidermos, jejeje
mu bueno el relato, se han mezlcado alguna sonrisa con pensamientos.
y me uno tambien en los agradecimientos al elefante, sin el, esto no seria posible.

3 Re: Un cuento sobre psicoterapias. el Vie Mar 19, 2010 3:52 pm

Caminante


Moderador
Cierto chin! Menos mal que no hubo quien dijera que el elefante es como un telescopio portátil Razz Razz aunque si hablamos con el aprendiz de ensayista lo podemos arreglar Twisted Evil !Saludos, hermano! Gracias.

4 Re: Un cuento sobre psicoterapias. el Sáb Mar 20, 2010 2:06 pm

mar de los piratas :)

avatar
Moderador
kjeje calle me has hecho reir.. genial tu post!

http://mardelospiratas.blogspot.com/

5 Jeje, Mar. el Dom Mar 21, 2010 12:03 am

Caminante


Moderador
Si te ha hecho reír un poquito me siento más que satisfecho, gracias, regia!!!

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